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Psicologia

La manipulación perversa que es el chantaje emocional

Aunque no lo creas, las consecuencias del chantaje emocional pueden provocar en las víctimas desajustes físicos, dolores y enfermedades crónicas e incluso terminar en suicidio.

Es por esto que es importante reconocer cuando se está ante alguien que hace uso del chantaje emocional.

El chantaje emocional se desarrolla en tres fases: Seducción, Dominio y Destrucción. La mayoría de las veces, la persona en la que se aplica no se da cuenta de esto hasta que es demasiado tarde para él o ella. No se confundan, el hacer uso del chantaje emocional no es signo de un trastorno psiquiátrico, sino que proviene de considerar a los demás como simples objetos que sirven para cumplir un propósito, y al terminar de utilizar a estas personas, las deja muy heridas.

Este acto se puede comparar como un acto de depredación, ya que el fin de esta es que los otros den «su vida» por ti y/o por tu causa.

La fase de Seducción consiste en que el manipulador se muestra como alguien encantador y comprensivo, pero en realidad está tratando de conocer mejor a su víctima para poder aprovecharse de sus puntos débiles cuando sea necesario, pudiendo estos ser traumas de la niñez, educación que se basó en la sumisión o alguna situación que aún te causa dolor. Al final de esta fase, el manipulador sabrá muy bien en dónde «golpear» para poder conseguir lo que quiere de ti.

En la fase de Dominio la víctima ya no sabe defenderse ni sabe que debe hacerlo, ya que es presa de los sentimientos de culpa y miedo, recibiendo de forma sumisa los «castigos» por parte de su agresor. La manipulación del agresor hacia la víctima es más eficiente si este pertenece a su círculo de confianza, por ejemplo su padre, pareja, amigo cercano, jefe de trabajo, etc. De esta forma la víctima aunque tome la intención de querer defenderse, su agresor volverá la situación a su favor justificando la queja de su víctima diciendo que es alguien irresponsable, malo, vengativo, etc.

Es entonces cuando se llega a la fase de Destrucción. Aquí la agresión física se hace presente hacia la víctima y esta se consume en miedo e incapacidad de defenderse. La víctima está al pendiente de cualquier mirada, gesto o expresión que indique la violencia que su agresor no expresa, temiendo su reacción cuando no se hace lo que piden.

Puede que la víctima quiera evitar la violencia comportándose de forma más sumisa y complaciente, esperando que su agresor cambie de forma positiva, pero esto resulta inútil porque cuanta más sumisión muestre la víctima, el agresor más mostrará y fortalecerá su capacidad de represión y control.

Por todos los problemas que conllevan este tema, es necesario una educación basada en el respeto y el amor propio desde pequeños, para aprender a poner límites a los demás y darse a respetar.